A Machi, Pato, Diana. A la isla de los tullidos… Celes y Bet. A todos los que están de este lado del consultorio 😉

Hace poco contaba cómo -después de un tiempo muy propio- uno puede encontrar la manera de darle un sentido a algo que, de movida, está lejos de tenerlo. Y en mi caso eso -en lo práctico- tiene que ver con escribir estas líneas.

Pero a medida que avanzo, cada nuevo post me pone a pensar en que cada sensación, cada emoción, cada punto de vista que comparto también está pasando por la cabeza y el corazón de varias personas que tengo cerca.

Tal vez no compartamos síntomas, ni -mucho menos- tratamiento, pero me es inevitable sentir identificación con lo que les pasa.

Entonces, así como encontrarle sentido al Parkinson es un alivio individual, esta empatía con la que me voy encontrando representa -por ser naturalmente bidireccional- una hermosa sensación de normalidad. Porque cuando uno es el otro, uno somos todos.