Sé que no tengo que dar cuenta de lo que me motiva a hacer esto. De hecho un poco lo explico en el primer post. Pero a medida que escribo me voy dando cuenta de que va más allá de contar lo que me pasa o de sentirme acompañado.

«Por qué?» es una pregunta que apareció en muchos momentos desde que me enteré que tengo Parkinson. «Por qué a mí?», «Por qué a esta edad?», «Por qué…?». Todas variantes de una misma pregunta que, en ninguno de estos casos, tiene -ni tendrá- una respuesta que calme la angustia que produce. Pero es inevitable que la primera reacción sea esa, no? Digo… nadie está preparado para aceptar como si nada que tiene una enfermedad así.

Pero a la vez surgen otros impulsos… más productivos, que dejan sensaciones más positivas, como el de hacer este blog, y otras cosas que me dieron ganas de encarar. Ahí también aparece la misma pregunta: «Por qué escribir si no me gusta tanto leer?», «Por qué exponer lo que me pasa al que lo quiera saber?», «Por qué hacer esto?».

Y la verdad es que cuando aparece esa pregunta me doy cuenta que, no sólo tengo una respuesta, si no que es la que mayor paz aporta… Porque hacer esto -escribir, compartir, hacer algo productivo y positivo- no sólo es catártico y liberador -como si eso no fuera suficiente razón- sino que le da un sentido a algo que, sin eso, se vuelve complicado de llevar. Pequeño detalle… no?