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El Tembleque

Sensaciones, experiencias y un poco de humor sobre mi vida con Parkinson

      Goosfraba

      La primera alternativa que pensé para arrancar con este post era algo como «¡Pedro! ¡Mirá quién vino!», pero la realidad es esto -en principio- es un touch and go. No tengo la sensación de que El Tembleque vaya a volver, al menos en el mismo formato o con la misma regularidad… al menos por ahora.

      La segunda alternativa que pensé -no, no fue Francia- fue hacer una aclaración sobre el objetivo del post, marcando que no es la militancia lo que hace que vuelva a escribir acá. Pero la realidad es que sería mentirnos descaradamente. Todos los que reciben o recibieron una invitación a leer este blog, conocen mis ideas y yo conozco las de ustedes. Y estamos acá porque no fue la manera de pensar la política lo que nos juntó alguna vez, así que espero que no sea la expresión vehemente de una opinión lo que nos aparte.

      Ser discapacitado -en general- es una mierda. Porque el contraste -ya sea con la nostalgia de una versión más sana de vos mismo, o con el resto de los normales– es tan duro como inevitable. Pero si a esto le sumás el desamparo que se genera desaparición malintenciondada de las instituciones creadas para darte una mano y el desprecio por tu condición que muestran las autoridades de turno, lo que normalmente es difícil de llevar se vuelve -por momentos- imposible.

      No es la primera vez que en los más de tres años desde el último post que siento algún impulso de volver a escribir, pero sí es la primera vez que siento una motivación real… algo que me mueve más allá de cualquier límite auto-impuesto por el miedo a la posibilidad de que retomar esta costumbre fuera en contra de la necesidad de que el Parkinson no vuelva tomar un lugar central en mi vida. Pero bueno… parafraseando a Michael Corleone: «Just When I Thought I Was Out, They Pull Me Back In!»

      Sólo los que tenemos alguna discapacidad o aquellas personas que nos acompañan y nos sostienen a diario saben el laburo extra que cada uno de nosotros tiene que hacer para sentir que encajás, que estás vigente y que no sos invisible. Y esto lo afirmo no para invalidar la opinión de cualquiera que no experimente estas sensaciones, sino porque son de esas cosas con las que entiendo que es difícil 100% empatizar si no las viviste de cerca.

      Claramente… hay personas más resilientes que otras y que tienen la capacidad de superar, no sólo los contrastes diarios, sino también las limitaciones que supone cada discapacidad -básicamente- cuando salís de tu cama. Es en estos casos que, así como me causan admiración las personas que todos los días dan muestras de su resiliencia para llevar adelante su discapacidad con entereza, me generan aún más admiración aquellas personas que, frente al abandono institucional y al maltrato de los idiotas de turno, luchan desde la tolerancia y desde el amor. Porque a mí lo único que me nace instintivamente -lejos de usar algún mantra que calme mi ira- es decirles… «Segurola y Habana 4310, 7mo Piso. No tengo ningún problema, que me vengan a buscar.»

      El Tembleque

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      4 junio, 2025

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      Discapacidad, Empatía, Parkinson, Parkinson's

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      4 Comentarios

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      1. Sergio Marino

        4 junio, 2025 a las 1:05 pm

        Responder

        Ayer, de manera casual, tuvimos la oportunidad de entrevistar en el programa de radio a Teresa Parodi, quien insistió en que la Batalla Cultural representa la madre de las disputas que estamos enfrentando en este momento. Según ella, en esa lucha se juegan los valores que nos definen como Nación, como Patria; es decir, la esencia misma de nuestra identidad y nuestra historia.

        Creo que, en general, cuando leemos o escuchamos sobre esta batalla en las redes sociales, en los diferentes vómitos libertarios que circulan en formatos de tweet, no logramos captar su verdadera magnitud y gravedad. La disputa que atravesamos hoy no puede reducirse a una simple lucha entre dos «modelos de país» o a enfrentamientos políticos momentáneos, como se ha dicho en otros ciclos de cambio de gobierno. Es, en realidad, una confrontación profunda que toca los cimientos mismos de lo que somos, de los valores que queremos preservar o transformar, y de la visión que tenemos del futuro que queremos construir como nación.

        Si en una orilla sintetizamos la idea con «la Patria es el otro», y en el otro margen se escucha: “si tuviste un hijo con discapacidad, es problema de la familia, no del Estado”, en realidad no estamos viendo dos modelos de PATRIA. Lo que está en juego no es una discrepancia sobre cómo organizar un país, sino una visión completamente opuesta de qué significa pertenecer a una nación. El desamparo del otro, esa indiferencia que ignora la responsabilidad social, no es una concepción de Nación, sino una expresión de la ley de la selva, una destrucción del Estado que termina disolviendo la idea misma de Patria. Es la construcción de un territorio anárquico, donde sólo estamos unidos por un límite geográfico, pero carecemos de un compromiso real con la convivencia, una sociedad sin affectio societatis, sin empatía ni amor hacia el prójimo.

        En esta batalla cultural, nos quieren llevar a un escenario en el que Argentina quede desdibujada, despojada de su identidad y sus valores. Nos enfrentamos a una estrategia para disolver la nación desde sus raíces más profundas, diezmar sus principios y reducirla a una mera existencia territorial, sin alma ni cohesión social.

        Responder
      2. Maru

        4 junio, 2025 a las 2:20 pm

        Responder

        q bueno q volviste 🙂

        Responder
      3. Javier

        5 junio, 2025 a las 12:51 pm

        Responder

        Clarito y necesario

        Responder
      4. Nacho

        6 junio, 2025 a las 9:27 am

        Responder

        Qué lindo leerte de nuevo! Me genera una sensación de calma, armonía y esperanza.
        Quizás sea esa esperanza que siempre tuvimos los que estamos de este lado en pensar que esto se hace con el otro. Juntos. Bancando y empujando.
        Me deja un atisbo de esperanza para lo que viene…o para lo que venga. Y lo escribo tomando un mate, a la mañana, mirando por el balcón pensando en que debés haber pensado en nosotros (a quienes te dirigis) con esa misma esperanza que te caracteriza para afrontar cada momento. Es esa mirada cómplice que necesitamos para decir «acá estamos». Que lo hayas escrito me da un empujoncito!

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