Una de las primeras cosas que pensé cuando se decretó la cuarentena fue «Bueno… encerrado en casa, con un poco más de tiempo, va a ser una buena oportunidad para publicar varios posteos». ¡Qué equivocado estaba!

Resulta que -como corresponde- cuando la expansión del Coronavirus hizo que su llegada a nuestros pagos fuera inminente, averigüé quiénes alrededor mío pueden estar en riesgo si se contagian. Por supuesto, por la información que se nos brinda, los viejos -padres y suegros- son los primeros a los que salimos a cuidar. Son viejitos… piolas, pero viejitos al fin.

Encerrados -y adoctrinados- los viejos, lo siguiente que hicimos fue hablar con Lucas sobre la importancia de que él no se contagie. Por edad no estaría en riesgo, pero su asma y el COVID-19 no deben conocerse.

La lógica -si es que existe tal cosa en la medicina- diría que tener Parkinson no supone un riesgo especial en estas circunstancias, pero no estaba de más checkear.

Esta vez -por suerte- la lógica fue lógica y -por lo que se sabe hasta ahora- más que síntomas acentuados -ya sea por los efectos del virus y/o de los medicamentos que se mezclarían- no hay mucho de qué preocuparse.

Cada uno de estos posts surge de lo que vivo a diario. No son planeados… no tengo un calendario que me imponga sentarme a escribir. Simplemente estoy haciendo algo o charlando con alguien y ¡Erureka!… aparece una idea para un post. Y en ese sentido la cuarentena -lejos de lo que pensé en el momento en que se estableció- no ayuda mucho.

No sólo es porque parece que el tiempo se hubiera congelado, sino que todas las actividades suceden en un ambiente y en un contexto más relajado y familiar… No manejo, estoy más acostado que sentado, si necesito me doy un baño de inmersión para relajar la rigidez, puedo hacer algún ejercicio si pinta y no estoy expuesto… Sí, esto sigue pesando un poco. Parece -así como cuando habla porque lo estoy exigiendo demasiado- que el cuerpo me dice que esto estaría siendo bueno para mí… tal vez deba escucharlo un poco más.

¿Será -entonces- que esto tiene un final? ¿Será que mientras mejor transite la enfermedad, menos motivos tendré para escribir? No lo sé… si bien es una pregunta que me hago por primera vez, el cuerpo sigue diciendo lo suyo y el nudo en la panza que me dio cuando me lo pregunté parece ser una buena señal de que quedan -ni más ni menos- muchas ganas de que esto dure un rato más.