La respuesta «así soy» -y sus variantes para cada persona del singular y/o del plural- utilizada para explicar un comportamiento o una actitud siempre me pareció violenta… autoritaria, y por eso es que me causa tanto rechazo. Es la expresión más clara de la falta de ganas, capacidad o voluntad de reflexionar sobre algo que uno hace o es.

No lo voy a negar, en algún momento de calentura -condimentado con una pizca de soberbia- la he utilizado para escaparme de una discusión en la que me tenían arrinconado.

No hace mucho mi neurólogo me dijo abiertamente -bastante más de lo que yo les cuento- que estaba muy atento a mis síntomas…. incluso más de lo recomendable. Y que tenía que pensar en la posibilidad de aflojar un poco para llevar mejor la enfermedad en mi día a día. No me gustó nada, ni un poco.

Con muchas más palabras que las dos que componen el leitmotiv de este post, le argumenté mi desacuerdo al doc. Pero -en el fondo- los dos estábamos diciendo lo mismo, lo que implicaba un contrapunto difícil de desanudar. Él -en nombre del Parkinson- me estaba diciendo «así es, y de algún modo te lo tenés que fumar», y yo -en pleno acto reflejo de defensa- estaba diciendo «así soy, y esta es mi manera… la mejor que tengo de fumármelo».

Tan difícil de deshacer era el nudo que habíamos armado con el Parkinson que no fue sino hasta varias semanas después -y gracias a varias charlas con gente que amo profundamente, parecidas a las que tuve con mi neurólogo- que me di cuenta que la enfermedad nunca se va a fumar mis maneras… no va a ser por su lado que la cuerda se afloje y el nudo se deshaga.

Lo más -sorpresivamente- lindo de esa noción es que es liberadora. Porque mientras tanto -si bien te pone en el lugar de tener que asumir la responsabilidad de encontrar las maneras de lidiar con lo que pasa- te saca el peso de la obligación de ganarle el mano a mano a algo a lo que –por ahora y nada más que por ahora– no se le puede ganar.