Hace unos días me llamaron del banco para avisarme que por mi antigüedad, porque cobraba mi sueldo ahí, y por otras razones, me «subían de categoría» y accedía -sin costo extra- a un paquete con más descubierto, más límite en las tarjetas de crédito y más beneficios. Era un día de semana en el que justo estaba en casa porque me lo habían dado libre en el laburo así que -promesa de Burger King mediante- subí a los chicos al auto y me acompañaron a hacer el trámite.

La verdad es que la diferencia entre lo que tenía y lo que me dieron es mucha… innecesaria diría, lo cual fue tema de charla con el pichón mayor. Él comentaba -y a mí se me caía la baba cuando lo hacía- lo raro que es el capitalismo, que le da más facilidades al que menos las necesitaba.

Días más tarde -con la ayuda de dos personas que la vienen peleando con estos temas hace bastante más que yo- me enteré que -al contrario de lo que me habían dicho en OSDE- tengo la posibilidad de acceder a terapias que no están dentro de la cartilla pero que -a quienes contamos con el Certificado Único de Discapacidad- la empresa de medicina prepaga nos tiene que cubrir por ley.

Tengo una oficina de OSDE a 4 cuatro cuadras del laburo, así que encaré para allá predispuesto -en principio- a escuchar lo que me decían. Por suerte esta vez me tocó que me atendiera alguien que no estaba dispuesta a mentirme. Una persona que me dijo «Efectivamente señor, usted tiene presentado el CUD así que tiene cobertura de estas terapias que menciona. Aguárdeme un minuto que le alcanzo lo que necesita.»

Volvió unos diez minutos después -luego de haber visitado no menos de tres escritorios, cuatro armarios y dos impresoras- con una pila de unas doce hojas impresas en ambas caras y arrancó a enumerar: «Primero tiene que pedirle a su médico estas cuatro cosas… bla, bla, bla, y bla. Una vez que tiene esta cuatro cosas le pide al profesional con el que haría la terapia específica para su condición estas cuatro cosas… bla, bla y necesitamos que llene estos dos formularios de bla y bla». Todo mientras las hojas pasaban más despacio y en más cantidad que todos los tomos de El Capital, de Marx.

Mientras tanto veía y escuchaba a un padre que estaba renovando ese mismo trámite para su hijo en el escritorio de otra ejecutiva que -mientras él le entregaba más papeles de los que me estaban dando a mí- ella le decía «Le falta el pituto del cuchuflito y la fecha en esta orden Señor. La tiene que traer completa para que podamos procesar su pedido.»

«¡Puta madre!» pensé… ¿puede ser que una persona que tiene más dificultades para circular por la vida que la media y que -ergo- necesita más ayuda que la media, tenga que pasar por esto una vez por año, al menos? Luego alguien me dijo «Bueno Sebas, es lo que hace Nacho todos los meses con las enfermeras de su mamá». Y ahí me dio mucha más bronca. Porque a Diana -ella tiene ELA- la admiro profundamente y la quiero, aunque hasta ahora sólo intercambiamos algunos comentarios en El Tembleque.

Fue hace poco que relacioné esto con lo que me decía esa persona hermosa que tengo por hijo aquel día cuando salimos del banco y sí… no puedo hacer más que tararear este tema:

Vamos a ver cómo es…