Ayer fui a Expocannabis. Yo fui específicamente porque había una charla dada por un neurólogo sobre el uso del Cannabis medicinal como parte del tratamiento del Parkinson. Y la verdad es que agradezco haber ido… No porque me hayan dado información reveladora o me haya encontrado con la solución a mi enfermedad.

Yo consumí cannabis más de una vez, pero no puedo decir que soy -ni siquiera- un consumidor social. Esto hace que tenga un acercamiento bastante lejano -si es que vale la figura- al tema. Pero desde que me diagnosticaron la enfermedad vi varios casos -y estoy seguro de que hay muchos más- en los que los efectos del cannabis en enfermos de Parkinson son positivos.

No estuve mucho tiempo en la expo, pero el poco tiempo que estuve me sirvió para llevarme varias gratas sorpresas… Una de ellas, la cantidad de gente de arriba de los cincuenta y pico que se acercaba, no porque fueran una banda de viejitos piolas que se juntaban a fumarse un porrito, sino porque -claramente- hay un interés genuino en informarse respecto de un fármaco que los puede ayudar. Otra sopresa, la cantidad de enfermedades, condiciones y/o problemas de salud en los que el uso del cannabis puede mejorar la calidad de vida de las personas… Además del Parkinson: ACVs, Esquizofrenia, Esclerosis Múltiple, Movilidad Anormal (Tourette’s, Temblor Esencial, Síndrome de Piernas Inquietas y otros), Dolores no Oncológicos en el Cáncer, Epilepsia, Autismo, Fibromialgia… demasiadas.

La verdad es que lo más esperanzador fue ver que la gente se acercó en masa a ver cómo profesionales de la salud les hablaban de una alternativa para no pasarla tan mal. Esto supone una apertura, tanto desde la alopatía como desde la sociedad, a una sustancia que puede ser tabú para muchos. Esto es imprescindible para que se de el debate necesario para que -de una vez por todas- este tema se incluyan en la agenda de los Estados y que haya una regulación que permita el desarrollo de estudios científicos, el diseño de protocolos, la producción de medicamentos y su provisión controlada y guiada a los pacientes.

Como enfermo de Parkinson, hay varias cosas que te generan incertidumbre. Entre ellas el hecho de que los tratamientos -por ahora- son paliativos para la sintomatología y son finitos. Van dejando de funcionar a medida que pasa el tiempo. Y es ahí donde entra el Cannabis… Porque cuando la Dopamina sintética es asimilada por tu organismo, el Cannabis funciona como complemento para controlar los síntomas.

La diferencia es que -hoy- la Dopamina me la receta el neurólogo y me la da OSDE. En cambio -si lo necesitara hoy, que no es el caso- para conseguir Cannabis tengo que averiguar por mi cuenta cuál es la genética que actúa mejor en síntomas como los míos, cultivarla en mi casa, definir cuál es la dilución -si es que fuera aceite o vapor la manera de consumirlo ideal- ideal, establecer la dosis que tendría que administrarme y ver si en combinación con la medicación que ya tomo, no tiene un efecto no deseado.

Frente a esta realidad es imposible no sentirse un poco desamparado. Pero por otro lado, la evidencia es tan fuerte que también es imposible no tener la esperanza de que los Estados legislen y el Cannabis esté disponible de un modo seguro para todos los que alguna vez lo podamos llegar a necesitar.