A la Pibita

En estos días algo muy hermoso está por pasar en la flia… Una nueva sobrina está por llegar. Más allá de que siempre tuve debilidad por los chicos, la llegada de un nuevo integrante no falla en renovar el entusiasmo y eso -sinapsis mediante- me llevó a cerrar una idea que tenía dando vueltas hace un tiempo.

En un almuerzo semanas atrás charlaba con Machi lo fácil -por la cantidad de estímulos diarios que uno recibe por parte de la enfermedad- que sería establecer definitivamente que todo es una mierda y que lo que está pasando es una irrefutable injusticia. Pero -si bien eso puede ser el resultado de una bronca momentánea- resulta abrumador pensar en que ese sea el estado de las cosas de acá en adelante. De ahí lo importante de ir identificando en el horizonte las cosas que uno puede disfrutar y que te van a incentivar a seguir surfeando hacia adelante.

Juan y Ana -los padres de la criatura- me comentaban sobre la incertidumbre de lo nuevo y de la sensación de que -hagan lo que hagan- es imposible sentirse 100% preparados para lo que viene. Y cuánta razón tienen!

Ahí fue que dije «Eureka!» No hay manera de prepararse para las cosas de la vida que uno desconoce. Ya sea algo tan nutritivo para el alma como la llegada de un bebé, o algo bastante más pedorro como la evolución de una enfermedad. Lo que sí es seguro es que ambas tienen en común el hecho de que -pase lo que pase- no va a depender de ellas que aparezca en el horizonte eso que te lleva hacia adelante. Eso va a venir!

Lo loco es que esto le da a la resignación un valor que antes no tenía. Por qué? Muy simple… Juan, te robo la frase para explicarlo… Estás ahí, parado frente al tsunami… qué hacés? cerrás los ojos o intentás surfearlo. Yo voy por lo segundo, porque no hay nada más lindo que resignarse al disfrute.