Hace unos días alguien muy cercano -un lector de El Tembleque- me vio y me preguntó cómo estaba. Le dije la verdad… que estoy bien. Ese «bien» hoy significa algo distinto a lo que significaba hace un par de años, pero en mi propia subjetividad, tiene el mismo valor que para cualquiera en este mundo que se siente bien.

Algo que me pasó con el posteo anterior, fue que la crudeza de lo que conté sirvió para sacarle el pudor algunas personas que -claramente- me quieren y les gusta saber cómo estoy o cómo me afecta el Parkinson, pero no se animan a preguntar por creer que eso me puede incomodar o molestar. Y -como realmente no me molesta ni incomoda- me alegra que eso haya sucedido porque sé que puede ayudar al otro a tener una perspectiva más cercana -no me animaría a decir real- de cómo estoy y -hasta en algún que otro caso- aliviar la preocupación.

Este lector de El Tembleque, después de escucharme bien, apoyó sus manos en mis hombros y -creo que con cierta angustia- me dijo: «A mí me da mucha bronca lo que te pasa, sabés? Mucha bronca…». La verdad es que me dio mucha ternura, porque me pareció un sentimiento muy genuino y -aunque suene un poco raro- a mí me hizo sentir acompañado.

Hace un tiempo escuché al Pacho Maturana -si no sos futbolero puedo escucharte diciendo «QUIÉN?!»- decir una frase que en ese momento me encantó y quise incorporar casi como un mantra, pero que recién pude poner realmente en práctica gracias a la inevitabilidad del diagnóstico… «No tiene sentido enojarse con las cosas que uno no puede cambiar».

Esta -textual- fue mi respuesta. Y creo que le sirvió tanto al lector como me sirve a mí todos los días.

Lamentablemente a veces a uno le requiere pasar por situaciones límite para dejar la zaraza y realmente hacer un cambio. En mi caso -debo decir que es gracias al Parkinson- esto tuvo que ver con entender que la bronca es sólo un paso que uno debe dar lo más rápido posible, y que es únicamente una previa a la angustia tan inevitable como necesaria para poder salir más fortalecido de las piñas recibidas.

Creo fervientemente que hay un lado P del a vida, que incluye esta y otras sensaciones que uno puede hacer carne de un modo sanador. Y -así como otras sensaciones propias de lo que me toca vivir- me encanta compartirlas si vos te animás.