Una leyenda japonesa dice que si deseás algo muy fuerte y hacés mil grullas de papel, los dioses -y en otras versiones, una grulla- te premiarán cumpliéndote un deseo. Creo que es más por el tiempo, la paciencia y el esfuerzo que requiere. No por que haya algo mágico en las grullas de origami.

Ya llevábamos un tiempo tocando juntos con Juan, Matías y Pei, con un nombre de banda que no iba para atrás ni para adelante, cuando Juan propuso -por segunda vez- que nos llamemos Mil Grullas. Entre la primera y la segunda vez que lo propuso, la diferencia fue que nos contó la leyenda. Creo que fue por eso que lo bancamos en su propuesta y así fue. Desde ese día fuimos Mil Grullas.

A veces siento que Juan, en su búsqueda constante, dejó atrás lo que para mí fue, es y será el acercamiento más hermoso y gratificante con la música. Aunque por otro lado, yo me fui de la banda antes. No tengo mucho espacio para el reclamo.

Mis hijos se saben las letras y cantan conmigo las canciones de Mil Grullas en el auto. Nunca dejé de escucharlas, ni de tocarlas… ahora, por lo menos, de intentarlo.

Como les comentaba en otro post, fue la música lo que me hizo prestarle atención a los síntomas. Calculo que por la misma razón -sea cual fuera- es lo que más me duele perder y asumir que ya no va a ser igual. Porque los punteos que salían antes ya van dejando de salir, y porque los ritmos ya no suenan tan fluidos.

Lo cierto es que cuando le compartí el blog a Juan, lo primero que hizo fue invitarme a tocar. No importa si salen temas de Mil Grullas o no. Voy a aceptar esa invitación. Y tal vez vaya empezando de a poquito a hacer grullas … no?

Así sonábamos 😉

Este lugar – Mil Grullas
El Hambre – Mil Grullas
Ana – Mil Grullas
Ramona (grabado de estudio) – Mil Grullas