Ya venía sintiendo cosas «raras». Pero consciente o inconscientemente me hice el boludo. Debe ser una algo en un tendón, o las pulseras… No, ya sé… es el stress 😀
Finalmente, la señal más contundente de que algo estaba mal, vino de la música. Ya habían habido temblores, rigidez, falta de movilidad en el brazo derecho, pero esta vez lo que pasó dejó claro que había algo que no estaba funcionando como debía.
Desde los 14 años toco la guitarra. Siempre autodidacta, nunca muy virtuoso, pero todos los días un rato toco. La viola me permitió ser parte una banda llamada «Mil Grullas» con la que viví una de las épocas más lindas de mi vida, pero ese será tema de otro post.
La cuestión es que un día -como otros días- me senté en mi cama, saqué la traba del soporte de la guitarra, la puse sobre mis piernas, mano izquierda al mástil, púa en la mano derecha y… epa! qué pasa acá?
Siempre fui un guitarrista rítmico. Los solos no son lo mío. Lo mío es acompañar a la batería y al bajo para marcar la cadencia del tema. Pero esta vez no pasó. No me acuerdo qué tema intenté tocar, pero claramente no estaba saliendo. Claramente la mano no estaba respondiendo. Claramente lo que sonaba en mi cabeza no se parecía a la música que mi mano derecha producía. Ahora sí, no me puedo hacer más el boludo…
7 abril, 2019 a las 4:09 pm
Duro! No?
7 abril, 2019 a las 4:09 pm
El momento, digo…..
7 abril, 2019 a las 9:47 pm
Me conmueve.Te veo elegir subir la montaña cantando…..porque ya que hay que subirla…Toda nuestra admiración pibe!!!