Pocas cosas en la vida no son relativas. En algún punto todo se contrasta y -a partir de ahí- pierde su condición de absoluto. Tal vez sean sólo el comienzo y el final de la vida las únicas cosas absolutas y -así y todo- están en discusión.

Cuando me paro frente a la torta de cumpleaños, a una vaquita de San Antonio, al huesito de la suerte del pollo o a una pestaña, las fantasías que aparecen son siempre las mismas… Que los míos estén bien, la Libertadores y -desde hace casi 4 años- la cura del Parkinson. Por supuesto, cada uno con distinto nivel de deseo y prioridad.

Los deseos son absolutos. Las ganas de que ocurran ¡más! Pero al final, la realidad muestra que es inevitable que uno ceda en sus expectativas y la satisfacción de esos deseos llega antes que alcancen su punto máximo. Porque de algún modo entendemos que no existe la plenitud absoluta -sería muy egoísta estar realmente convencido de esto- y que uno puede encontrar ese nivel de satisfacción de expectativas en el que lo logrado resulta suficiente.

Así y todo -a veces- ese punto anterior al absoluto cumplimiento del deseo -se encuentre donde se encuentre según el deseo en cuestión- no se puede alcanzar. Y eso no tiene que ver con que uno desee cosas imposible. Tiene que ver con que -simplemente- no se puede.

Los míos -dentro de lo que se puede- están bien. ¿Podrían estar mejor? Obvio… pero en el contraste estamos mejor y -cuando eso no pasa- estamos ahí para acompañarnos y eso ayuda mucho.

La Libertadores -ya sé… es una pelotudez, pero la mencioné, así que la tengo que desarrollar- tarde o temprano la vamos a volver a ganar. Y si la perdemos como la última, el orgullo ayuda a pasar el mal trago.

El Parkinson no tiene cura. Falta mucho para eso. Es la realidad. Y este es uno de esos deseos en los que se complica relativizar las expectativas. Por lo menos a mí se me complica. Los que estamos en esta le ponemos -y le vamos a seguir poniendo- onda, humor y huevos para que no nos gane, pero el problema es que el punto medio que me aparece -muy pero muy fuerte- tampoco es alcanzable. Porque -al menos hoy- lo que quisiera es pasar un día -uno solo- sano. No… no se puede, pero sería suficiente.