A medida que uno se va poniendo grande, rígido y tembloroso, los productos se van acomodando en la góndola y uno aprende a valorar mucho más los momentos cotidianos. Este es mi top 3 de esos momentos del día en que el mundo desaparece y vos sólo podés dedicarte a disfrutar:

  1. La sonrisa de mis hijos a la mañana, cuando recién se levantan.
  2. El abrazo de Vicky al despertar.
  3. Ese momento en el que la Levodopa pega y -como por acto de magia- el cuerpo se queda quieto y relajado.

Ahhhh! La dopamina tiene ese no sé qué… 😀