«Harto ya de estar harto, ya me cansé» cantaba Serrat en Vagabundear, tema que -inevitable siendo hijo de exiliados- sonaba mucho en casa cuando yo era chico. También siguió sonando de adolescente, pero yo lo vinculo con mi infancia porque siempre que escuchaba ese primer verso me impresionaba lo hinchado los huevos que debía estar el tipo como para que fuera lo primero que tenía que decir.

No es un post de catarsis, pero -no les voy a mentir- es una sensación que me invade cada tanto. De hecho -sin ser tan directo para describirlo- lo comentaba en uno de mis primeros posts. Porque efectivamente a veces es tanto de lo que uno se cansa… cosas chiquitas, cosas más complicadas, dolores, pequeñas molestias y hasta la noción general de la enfermedad. Pero lo que más rompe los huevos -por lejos- es la sensación prolongada de tener los huevos rotos.

Es de a momentos -no es permanente- pero cuando me toca, es una especie de círculo vicioso que me resultaba difícil de romper. Hasta hoy… ¿Qué pasó? Hablé… hablamos. Pero, ¿por qué sería distinto esta vez? Si hablamos siempre… Bueno, una de las cosas que transforma esta sensación en un círculo vicioso es que algo de lo que más estás harto es de mostrarte harto, y eso puede ser una barrera difícil de romper, porque involucra a otros a los que -por puro amor- uno no quiere meter a dar vueltas en su propio espiral.

El laburo es una parte importante de mi vida -como de la de todos- pero -a partir del diagnóstico- se vuelve más importante porque cada paso adelante es una prueba más de que el Parkinson no va a poder conmigo. Últimamente las cosas se están dando y eso por lo que aposté y luché empieza a pasar y del modo que esperaba. Eso supone más horas invertidas, menos descanso, más miedo a la exposición y -ergo- más stress. Y bueno… el cuerpo no responde bien a eso, la verdad.

Recién hablábamos de eso con Vicky y ella me dijo -más o menos- esto: «Eso es todo tuyo. Vos sos el que tiene que ver cómo hace para que no se te produzcan esas sensaciones, porque lo que el cuerpo hace con eso es más difícil de cambiar. Los que te vemos de afuera nos asombramos de cómo lo llevás». Y en un proceso sinapsis virtuoso -como los de Dr. House cuando descifra el acertijo y completa el diagnóstico de su paciente- me di cuenta.

El hartazgo no es parte de un proceso de agotamiento. No se produce porque estoy cansado de lo que pasa o porque vaya a abandonar. ¡Es todo lo contrario! El hartazgo es la frustración acumulada. Y la frustración no es -ni más ni menos- que el resultado de sentir que el cuerpo anda con el freno de mano puesto en el momento en el que más ganas tenés de que las cosas sigan yendo bien.

Entonces estar harto de estar harto no es más que una dificultad momentánea que se vuelve efímera frente a algo tan lindo como darme cuenta que tengo una enfermedad me puede robar la posibilidad de algún movimiento o de una tarea cotidiana, pero que nunca me va a poder robar las ganas de estar y que me vaya bien.