El título de este post lo tengo guardado desde el 9 de Diciembre de 2019… Tranquis, no es un post sobre lo que sentí al cumplirse un año de ese eterno momento del glorioso River Plate 🙂 La referencia a la fecha es porque es un concepto que me viene dando vueltas desde ese día y recién ahora siento que puedo darle forma.
Hace varios años, después de conocer la industria en la que trabajo, me di cuenta que la gente iba y venía -aún lo hace- tomándose tiempos muy cortos -entre 6 y 8 meses- para decidir que su ciclo en ese puesto estaba terminado… caput, fini, fuori della copa. O sea, o estaban muy seguros de lo que querían y no lo encontraban, o no sabían que es lo que buscaban y pretendían que se les apareciera de la nada la oportunidad que los motivara.
En cualquier caso, sé que para estas cosas soy bastante old-school, y yo definí que mi ciclo mínimo en un puesto o en un trabajo tenía que ser de un año para definir en paz si ese era el lugar en el que quería estar o no. En un año pasan todas las cosas que pueden afectar a un negocio… temporadas de mucho y poco laburo, cierre de balances, aumento de sueldos, vacaciones, temas de tu casa o tu familia que pueden afectar tu laburo, etc. Y la verdad, en general me funcionó. Porque eso que va pasando es experiencia que se va sumando y te permite ver hacia adelante si eso es lo que querés para vos.
Yo veo -aunque soy el menos imparcial de todos los lectores de El Tembleque- un camino recorrido -no me animaría a decir una evolución- en mis posteos. Trato de pararme en tercera persona y me sale ver a alguien que transcurre emociones y las procesa. Y cuando me paro en primera persona siento que esas emociones no van quedando en el camino. Por la propia dinámica del Parkinson, vuelven… no siempre con la misma cara, no siempre con el mismo efecto, pero vuelven… se reciclan.
Obvio, surgen la preguntas: «¿No había sentido esto alguna vez? ¿No lo procesé ya? ¿No aprendí entonces cómo transformarlo en algo productivo?». Y la respuesta a todas es «si», pero eso no quiere decir que esas emociones se hayan descartado y no vayan a volver. Entran en ciclo del alma una vez más, sólo que con la diferencia -no menor- de que el alma está más preparada para que uno la transcurra más rápido o -en todo caso- la viva de un mejor modo.
Como siempre, leo el post antes de publicarlo y entiendo que la idea terminó de dar forma un tiempo después de aparecer por primera vez porque -como cuando evalúo mis laburos- cada vez que vivo esas emociones voy sumando lo que necesito para seguir mirando hacia adelante y ver si lo que ofrece ese camino es lo que quiero para mí.
2 junio, 2020 a las 12:18 am
Buenas noticias!!
2 junio, 2020 a las 3:35 pm
Desde ese 9 de diciembre de 2018 al del 2019 fuiste la persona con la que mas comparti emociones! Desde almuerzos hasta charlas emotivas o con un grado de sensibilidad alto. Comparto ese ciclo de emociones que no hace mas que fortalecer experiencias. Y mas allá que uno sepa o decida qué camino tomar, hay que darle lugar a lo nuevo…a la sorpresa. Que a veces genera emociones encontradas pero siempre serán experiencias nuevas. Y lo nuevo hace TEMBLAR a lo reciclado.
Por mas experiencias nuevas amigo!
22 junio, 2020 a las 9:59 pm
Siempre me das algo interesante en qué pensar Sebas. Cuando nos conocimos vivimos una experiencia laboral de aproximadamente un año, sin embargo, ese año fue quizá uno que marcó en cierta forma un parámetro para medir esos ciclos anuales. Tuvo, todo eso que decís vos y muchas otras cosas que en una experiencia laboral común son inimaginables. Tengo que agradecerte ese año por siempre. Fuiste fundamental para mí. Gracias pendejo.