Es una fija cuando cuento que tengo Parkinson que la persona que recibe la noticia -por supuesto- se impacte y luego haga algunas peguntas tratando de entender de qué se trata, más allá de lo que cada uno puede conocer por experiencias cercanas o por haber escuchado o leído algo.

Algo que también pasa es que -ya sea porque el otro no quiere hurgar demasiado o porque no siempre yo tengo ganas de contar todo- es que no todo lo que implica la enfermedad queda expuesto en esa primera conversación. Y -lógicamente- después es más difícil retomarla más allá del -«y? cómo andás..?» -«bien, tranqui…». Y como esto se trata de contar, charlar y compartir, este post me sirve de excusa para abrir el juego y que -si tenés ganas- le demos continuidad a esa charla.

Como en los resúmenes de la tele del fútbol de antaño -siempre quise usar esa palabra en algún post- arranca el partido y… «¿Quién mueve? Muevo yo Mauro… Sebas». Así que doy el puntapié inicial contándote que para mí hay una manera de explicar de qué se trata el Parkinson. O -por lo menos- qué se siente tenerlo… El cerebro no dejó de querer pero pifia en mandar las órdenes, el cuerpo no puede responder del todo, y el alma se da cuenta.

En algún momento, cuando imaginé este post por primera vez pensé en describir detalladamente cada síntoma, pero -pensando en qué efecto positivo podría generar- no le encuentro demasiada utilidad, ni para vos ni para mí. Lo que sí te puedo contar es qué cosas -por la rigidez o por los temblores- ya no son lo mismo que antes…

Caminar, correr, tipear en la computadora, tocar la guitarra, comer arroz, enrollar fideos largos con el tenedor, tomar sopa, arremangarme la manga izquierda de la camisa, sostener el control de la tele, usar el celular, estar sentado mucho tiempo, estar nervioso, tener frío, picar comida para cocinar, batir, usar el destornillador, hacer fuerza con el brazo derecho por un rato, llevar el ritmo de la música, escribir a mano, sostener una hoja de papel, guardar papeles en sobres, amasar, estar cansado, poner los pies en la mesa ratona mientras miro tele, usar el mouse, cambiar una lamparita… Y así, algunas otras cosas más.

Bueno… si querés, la pelota está de tu lado 😉