No lo voy a negar… por lo menos una vez por día puteo por tener Parkinson. Y sí… es una mierda. Está ahí cuando toco la guitarra, cuando tipeo en la computadora, cuando como, cuando cambio una lamparita. Y está más presente aún cuando estoy cansado, cuando hace frío o cuando estoy nervioso. Está en todos los momentos… los íntimos y cercanos en los que, a pesar de estar solo, estás más expuesto que nunca. Y está en los públicos, en los que la multitud te hace anónimo.

La relación con esta enfermedad -y calculo que con cualquiera de las que te acompañan bien de cerca- es despareja… injusta. Haciendo una analogía deportiva -y a la vez para sacarle un poco el peso a las palabras- se me ocurrió compararla con dos momentos populares que tienen finales distintos, pero cada uno representa la manera en que -por lo menos a mí- me afectó al principio y la manera en la que me relaciono con ella ahora.

Al principio la relación es como Argentina-Brasil del 90′. Vos sos Brasil, poniendo pelotas en los palos, haciendo revolcar a Goyco de acá para allá, inclinando la cancha al límite para doblegar al rival. Y de repente -en una situación inesperada- un momento de rigidez te deja expuesto y el Parkinson -como Diego- elude a tres rivales, se la pasa a Cani y vos quedas como Taffarel… arrodillado y mirando el piso.

Pero eso cambia, sabés? Porque uno se hace fuerte y la vida, así como te pone a convivir con estas cosas, también te acerca incentivos que te motivan a no darte por vencido ni aún vencido. Por eso ahora la cosa se parece más a la pelea de Maravilla Martínez con Chavez Jr. en la que uno es Maravilla tirando piñas, bailando en el ring, demoliendo al rival y -de la nada- cuando uno cree que tiene la pelea ganada viene el Parkinson y con un temblor te mete una piña demoledora en el round 12 que tira a la lona. Pero uno se levanta, tambalea y mientras Walter Nelson te grita «Salí de ahí Maravilla!» seguís tirando piñas y -por lo menos- esa pelea la ganás.

Tengo muchas razones para no darme por vencido. Así que, Parkinson del orto… seguí participando! 😉