A ellos tres, que siempre están.

Por lo que pude encontrar, las estadísticas dicen que somos unas 7 millones en el mundo las personas que vivimos con Parkinson. Buena parte de nosotros tenemos una pareja, familia, amigos o personal especializado que nos acompaña. Eso quiere decir que somos bastante más que 7 millones de personas en el mundo las que convivimos con la enfermedad.

Sin embargo toda esa contención, toda esa compañía, todo ese amor, lamentablemente, a veces no alcanza. No me malinterpreten… no es egoísmo, no es falta de agradecimiento… creo que cualquiera que conviva con una enfermedad, así… pulenta… no una gripe, se encuentra, en algún momento del día, harto de los síntomas y de saber que van a seguir ahí. Pero más harto aún de sentir la necesidad de expresar la tristeza y la bronca que te causan. Es en ese momento en el que, por más que estés rodeado de todo el amor del mundo, es imposible no sentirte solo.

Tal vez el desafío no pase por tratar de estar acompañado por alguien que te banque en cualquier estado de ánimo, porque eso sí sería egoísta. Más aún, tal vez el desafío no pase por aprender a convivir con la enfermedad. El desafío es -por lo menos para mí, ahora- aprender que puedo ser buena compañía para mí mismo y que así nunca voy a estar realmente solo.