Esa era la frase de Araujo en Fútbol de Primera para vender lo que se iba a mostrar en los bloques siguientes del programa. Y -como buen ansioso- saber lo que va a venir es música para mis oídos. Tener certeza del futuro es una necesidad que surge seguido. Aunque no pasa en todos los aspectos de la vida… por lo menos de la mía.

Por supuesto -así como ahora no pasa en cosas como la vida de mis hijos o con mi laburo- en mi salud esa ansiedad está presente. Pero -al igual de los síntomas- no es permanente ni es pareja. En este momento -de hecho- ni siquiera abarca el futuro lejano ni genera preguntas con respuestas imposibles de dar. Hoy la ansiedad pasa por tener la certeza de que cada momento «off» se va a terminar y que voy a tener un rato de paz corporal y -ergo- mental.

El otro día, estaba ahí… tratando de ejercitar mi paciencia, puteando porque sabía que ese momento de incomodidad -así como se iba a ir- iba a volver más tarde, y así iba a ser el resto del día. Pero… gracias a que todo es relativo, que lo que venía en ese momento fuera algo bienvenido o a padecer dependía exclusivamente del lugar en el que yo me ubicara.

No sé si va a hacer que no padezca los síntomas cuando aparecen fuertes e inoportunos. De hecho estoy seguro que no va a ser así. Pero si no elijo ubicarme pensando en que lo que viene -y se va a repetir- son esos momentos en los que los síntomas no están y yo estoy cómodo -hasta sintiéndome sano diría-, la realidad es que -entonces- lo que viene sería todo el tiempo una mierda y no está en mis planes que sea así.