Hace mucho que no escribo. Más de dos meses. Nunca había pasado tanto tiempo entre un post y otro. Y cuando me pregunté «¿Por qué?» me dio miedo. Miedo de que la magia se hubiera terminado. Miedo de este vínculo tan estrecho y directo conmigo mismo se hubiera desvanecido.
No crean que no lo intenté… de hecho entre los borradores -en este momento- hay seis posts esperando tomar forma para poder salir a luz. Pero la realidad es que -por más que estos intentos surgieron tan naturalmente como el resto de los posts- por alguna razón quedaron ahí, en la gatera. Y de repente me encuentro en una situación -siempre hablando de mi relación con El Tembleque- en la que nunca me había encontrado.
Se disfrutan tanto las cosas cuando surgen naturalmente… cuando brotan de uno mismo como si -en realidad- no fuera el esfuerzo lo que las produce, si no que es el cuerpo el que no puede contener las ganas y el alma nos guía sola hacia eso que queremos lograr.
Hasta este post, El Tembleque -en mayor o menor medida- siempre fue eso. Sensaciones, ideas y palabras que iban -sin filtro- de mi corazón al teclado. Pero hoy la lógica cambio. Hoy me siento a escribir teniendo que hacer cierto esfuerzo para no irme, porque la verdad es que la motivación no aparece -al menos esta vez- del mismo modo que apareció hasta ahora. Y por supuesto… cuesta más.
Menos mal que lo estoy haciendo. Porque enseguida -como si nada de lo que escribí más arriba hubiera pasado- aparece esa idea, esa magia que tiene El Tembleque y todo empieza a tomar forma y a volver genuinamente a su lugar. Y ese esfuerzo que tuve que hacer para no despegarme del blog se convierte en disfrute de escribir y en ganas de seguir.
Si bien lo síntomas no aumentaron en los últimos meses, la realidad es que los momentos de rigidez son más intensos y más dolorosos. Ergo, funcionar como si nada pasara se hace mas difícil que antes. Tratar de lograr lo mismo en esos momentos requiere mucho esfuerzo. Y teniendo en cuenta que se trata de tareas cotidianas, ese esfuerzo se vuelve frustración con mucha facilidad, porque son cosas que yo antes podía hacer sin la más mínima dificultad.
El otro día me crucé a la vuelta de casa con un señor de muchos años. Iba con su boina, su barbijo y su bolsa de las compras. Una escena normal en el barrio para cualquiera, pero no para mí. A este señor cada paso le costaba un Perú. Pensaba y preparaba cada movimiento tratando de minimizar el esfuerzo necesario, porque después de ese paso -naturalmente- venía otro… y otro.
Me impresionó que esa salida tan cotidiana pudiera costarle tanto, pero más -mucho más- me impresionó que -a pesar del terrible esfuerzo que le requería- él tuviera la voluntad intacta para poder hacerla. Y -por supuesto- no puede evitar pensar es mis dificultades y en los esfuerzos que me demandan.
No se si son el yin y el yang o el balance natural de las cosas -de hecho son lo mismo 🙂 – pero mi búsqueda no es la de lograr la motivación para hacer ese esfuerzo. La obstinación taurina y el instinto de supervivencia -como el del señor- se van a encargar de eso.
La satisfacción llega cuando -casi como una reacción natural- me doy cuenta de que, así como en los momentos de rigidez aparece la frustración, en los momentos en los que el cuerpo funciona bien es el mismo cuerpo -motivado por esa nueva noción de ausencia momentánea de normalidad- el que me impulsa a que haga todo para disfrutarlos a pleno.
18 enero, 2021 a las 10:42 am
❤❤❤❤❤❤❤❤❤❤
18 enero, 2021 a las 11:02 am
Qué difícil encontrar motivación en estos días o en estos «tiempos». Pero cuando aceptás que te encontrás en un vacío, pozo, momento de análisis o de lo que sea, cuando realmente aceptás que estás en esa, ahí es cuando aparecen las motivaciones.
Me quedo con esta frase de Gandalf que habla sobre el Hobbit:
«Yo he descubierto que son las cosas pequeñas de las acciones diarias de las personas ordinarias lo que mantiene lejos al miedo, a lo malo y a la oscuridad. Actos simples de amabilidad y amor.»
Abrazo Sebita
18 enero, 2021 a las 2:14 pm
Siempre es bueno volver a leerte, Sebas.
Hoy, p/recordar q, en estos tiempos, donde nos «frustra tanto» usar barbijo, esperar en la cola de la panadería a 2 metros d distancia y tener q quedarme (puff!!!) adentro d casa c/aire acondicionado, tele y computadora… q la frustración, d verdad, no es otra cosa q aquello q se opone a q festejemos la alegría d estar vivos.
Abrazón Sebas… y feliz 15 aniversario d aquel día en q t convertiste en super papá primerizo.
20 enero, 2021 a las 7:59 pm
Siempre es lindo leerte Sebas. Cuando lo necesites, cuando sientas (o busques el impulso) acá vamos a estar para leerte y apoyarte!