Desde chiquito fui algo así como un adicto a la pantalla. Eso sí, cuando yo era chiquito no había -entre celulares, tablets, notebooks y tele- una pantalla por habitación. Había una -a lo sumo dos- teles en toda la casa y con eso te la tenías que arreglar. Y -no sólo eso- te tenías que arreglar con cinco o seis canales que no transmitían 20 horas por día.
No es una introducción hecha desde la nostalgia… es puro contexto. Un contexto en el que el control de ese entretenimiento que a mí me gustaba tanto era casi un botín de guerra. En ese momento era una guerra entre dos -Machi y yo- que generalmente ganaba yo. No porque fuera el más fuerte o el que tuviera más mañas para la batalla. A Machi siempre le gustó mucho más leer, así que -eventualmente- se daba cuenta que la iba a pasar mejor con sus libros de Agatha Christie -y su héroe Hercules Poirot- que peleando conmigo para que Candy Candy se impusiera sobre Mazinger Z. Así -entonces- yo siempre tenía el control… el remoto. Porque con el tiempo me di cuenta de que el control de la situación lo tenía Machi 🙂
Tener el control es fundamental cuando querés que las cosas se hagan como y cuando vos querés. No es una cuestión de imponer tu voluntad, si no de garantizar que no se imponga otra voluntad que vos no manejás. Y mis peleas por el control de la tele son el claro ejemplo… Yo no las ganaba, sin embargo la voluntad de ver otra cosa no se me imponía, y eso me conformaba.
Hoy eso cambió… mi voluntad corporal está -en parte- sometida a la del avance del Parkinson. No es siempre igual, no es todos los días, ni si quiera es invalidante… pero es. Y puede ser muy frustrante.
Ahora… ¿quiere decir eso que la pelea por el control de mi cuerpo la arranqué perdida? ¡ni en pedo! Porque si bien el Parkinson avanza -y eso no lo puedo cambiar- sí está en mis manos el control de lo que se puede hacer -escribir, hacer ejercicio, terapia, etc.- para que el día a día se parezca más al que yo quiero que sea.
Eso -desde ya- supone otros desafíos porque algunas de esas tareas no son divertidas per se, pero bueno… agua y ajo nene. Peor es tener que ver Candy Candy 😀
26 diciembre, 2019 a las 12:27 pm
Siempre bello lo tuyo, Sebas.
Y cada vez que te leo, aprendo.
Pero no es que aprenda sobre Parkinson y sus síntomas… de la vida aprendo.
Abrazo del alma.
Abajo Candy Candy!
Mazinger Z Conducción!!!
26 diciembre, 2019 a las 1:48 pm
Cada vez gusta más tu escritura. Cada vez me gusta más el tipo en el que te convertiste. Podrás decirme que el costo es muy alto. Te juro Sebas que siempre es así. Hay pocas cosas más bellas, más estéticas, más emocionantes que una persona batallando por su destino. Gracias por compartirlo.
Posdata: te recomiendo, cuando estés algo pinchado, veas un capítulo de GoT, La batalla de los bastardos.
26 diciembre, 2019 a las 7:12 pm
Cada vez mejor pende, vas manejando los tiempos como un Román del relato corto. Te mando un abrazo grande. Seguí que sos bueno.
26 diciembre, 2019 a las 7:17 pm
Escuchame pibe, me vas a sacar el puesto de escritor si seguís así. Ja! Cada vez mejor, sos un tiempista, el Román del relato breve. Abrazo de colega que te quiere (la mayoría se odian, je je)
13 enero, 2020 a las 5:21 pm
Todo lo entiendo, todo lo comparto. Escribo la mismas cosas con las misma acidez. Por qué tengo tu misma edad sólo que te llevo unos años de ventaja. A veces soy Madonna, a veces soy normal, a veces momia, a veces marioneta…Me creo que aprendí a vivir con esto, pero la verdad es que mi mal humor es grande cuando me toca un día momia. Eso no lo aprendí del todo. pero si aprendí muchas cosas que me gustaría compartirte. Soy Lula la amiga de Andrea Frank. Cuando quieras me escribís y te reís un poco de mis escrituras. Las ideas y el humor negro no se transmiten ni se enseña. Sale o sale. Un placer leerte.