Desde chiquito fui algo así como un adicto a la pantalla. Eso sí, cuando yo era chiquito no había -entre celulares, tablets, notebooks y tele- una pantalla por habitación. Había una -a lo sumo dos- teles en toda la casa y con eso te la tenías que arreglar. Y -no sólo eso- te tenías que arreglar con cinco o seis canales que no transmitían 20 horas por día.

No es una introducción hecha desde la nostalgia… es puro contexto. Un contexto en el que el control de ese entretenimiento que a mí me gustaba tanto era casi un botín de guerra. En ese momento era una guerra entre dos -Machi y yo- que generalmente ganaba yo. No porque fuera el más fuerte o el que tuviera más mañas para la batalla. A Machi siempre le gustó mucho más leer, así que -eventualmente- se daba cuenta que la iba a pasar mejor con sus libros de Agatha Christie -y su héroe Hercules Poirot- que peleando conmigo para que Candy Candy se impusiera sobre Mazinger Z. Así -entonces- yo siempre tenía el control… el remoto. Porque con el tiempo me di cuenta de que el control de la situación lo tenía Machi 🙂

Tener el control es fundamental cuando querés que las cosas se hagan como y cuando vos querés. No es una cuestión de imponer tu voluntad, si no de garantizar que no se imponga otra voluntad que vos no manejás. Y mis peleas por el control de la tele son el claro ejemplo… Yo no las ganaba, sin embargo la voluntad de ver otra cosa no se me imponía, y eso me conformaba.

Hoy eso cambió… mi voluntad corporal está -en parte- sometida a la del avance del Parkinson. No es siempre igual, no es todos los días, ni si quiera es invalidante… pero es. Y puede ser muy frustrante.

Ahora… ¿quiere decir eso que la pelea por el control de mi cuerpo la arranqué perdida? ¡ni en pedo! Porque si bien el Parkinson avanza -y eso no lo puedo cambiar- sí está en mis manos el control de lo que se puede hacer -escribir, hacer ejercicio, terapia, etc.- para que el día a día se parezca más al que yo quiero que sea.

Eso -desde ya- supone otros desafíos porque algunas de esas tareas no son divertidas per se, pero bueno… agua y ajo nene. Peor es tener que ver Candy Candy 😀