Nunca tuve tan claras algunas sensaciones como este último año. Escribir es -por lejos- la mejor terapia que encontré, no sólo para lidiar -por lo menos a nivel del balero- con el Parkinson, sino también con otros mambos que cargo encima.

Es cierto, acá -en El Tembleque- hablo de Parkinson, pero me es imposible negar que todo este laburo de sentir, masticar, vomitar, ver fuera de mí y -así- entender lo que siento, lo que me pasa, me ha beneficiado -y lo sigue haciendo- en otros escondites de mi vida.

¿Cómo lo sé? Porque un ejercicio periódico para mí es leerme. Sí… hay un poco de cholulismo, pero -la verdad- me chupa un huevo. Algunas veces es escribir lo que me ayuda y otras es leerme, viendo cómo alguna vez procesé y convertí en positivas, sensaciones que aparecían como abrumadoras.

Y -cuando me leo- veo a un tipo que siente cosas que no están vinculadas con una enfermedad… están -básicamente- vinculadas con vivir. Aunque -nobleza obliga- tengo claro que si no hubiera aparecido Mr. Parkinson para empujarme a escribir, probablemente no lo hubiera hecho.

Una de las sensaciones que aprendí a identificar -más allá de que siempre la cargué conmigo- es la vergüenza, el pudor. Esa sensación que te vuelve visible como una cartel de neón en el medio de la Lugones, mientras vos lo que querés es hacerte chiquitito como una hormiga y meterte en el hormiguero donde todas las hormigas son igual a vos.

Mi mundo es grande, la gente que me rodea es mucha, y los que -como vos- están cerquita también. Eso es tan bueno en tantos -pero tantos- aspectos, que hacen que el tránsito por esta historia presente se me haga mucho más fácil. Sin embargo -al mismo tiempo- el pudor hace que a veces me sea muy difícil pararme frente a vos. Porque vos me viste -y me viviste- sano, y mostrarme tal como lo que el Parkinson me va volviendo, a veces es una tarea difícil de realizar.

Pero ¿sabés qué…? Como esto es tan sanador, y el ejercicio de escribirme y leerme es -efectivamente- infalible, mientras te digo esto, lo leo y entiendo que es el pudor el que crea esta imagen que yo no quiero mostrar cuando estoy frente a vos. Que la vergüenza es la más propia de las subjetividades y que lo mejor que puedo hacer es dejarte ver lo que quieras ver, porque -por suerte- mi pudor es sólo mío.