Nunca tuve tan claras algunas sensaciones como este último año. Escribir es -por lejos- la mejor terapia que encontré, no sólo para lidiar -por lo menos a nivel del balero- con el Parkinson, sino también con otros mambos que cargo encima.
Es cierto, acá -en El Tembleque- hablo de Parkinson, pero me es imposible negar que todo este laburo de sentir, masticar, vomitar, ver fuera de mí y -así- entender lo que siento, lo que me pasa, me ha beneficiado -y lo sigue haciendo- en otros escondites de mi vida.
¿Cómo lo sé? Porque un ejercicio periódico para mí es leerme. Sí… hay un poco de cholulismo, pero -la verdad- me chupa un huevo. Algunas veces es escribir lo que me ayuda y otras es leerme, viendo cómo alguna vez procesé y convertí en positivas, sensaciones que aparecían como abrumadoras.
Y -cuando me leo- veo a un tipo que siente cosas que no están vinculadas con una enfermedad… están -básicamente- vinculadas con vivir. Aunque -nobleza obliga- tengo claro que si no hubiera aparecido Mr. Parkinson para empujarme a escribir, probablemente no lo hubiera hecho.
Una de las sensaciones que aprendí a identificar -más allá de que siempre la cargué conmigo- es la vergüenza, el pudor. Esa sensación que te vuelve visible como una cartel de neón en el medio de la Lugones, mientras vos lo que querés es hacerte chiquitito como una hormiga y meterte en el hormiguero donde todas las hormigas son igual a vos.
Mi mundo es grande, la gente que me rodea es mucha, y los que -como vos- están cerquita también. Eso es tan bueno en tantos -pero tantos- aspectos, que hacen que el tránsito por esta historia presente se me haga mucho más fácil. Sin embargo -al mismo tiempo- el pudor hace que a veces me sea muy difícil pararme frente a vos. Porque vos me viste -y me viviste- sano, y mostrarme tal como lo que el Parkinson me va volviendo, a veces es una tarea difícil de realizar.
Pero ¿sabés qué…? Como esto es tan sanador, y el ejercicio de escribirme y leerme es -efectivamente- infalible, mientras te digo esto, lo leo y entiendo que es el pudor el que crea esta imagen que yo no quiero mostrar cuando estoy frente a vos. Que la vergüenza es la más propia de las subjetividades y que lo mejor que puedo hacer es dejarte ver lo que quieras ver, porque -por suerte- mi pudor es sólo mío.
9 diciembre, 2019 a las 11:49 am
Qué hermosa publicación Sebita.
Pura admiración!
A seguir metiéndole eh…
9 diciembre, 2019 a las 1:55 pm
Generalmente las expectativas que uno genera de como son o deben ser son las mayores trabas para poder disfrutar (o atravesar) lo que hay.
Cuando quieras un café…
9 diciembre, 2019 a las 3:12 pm
Hermoso todo lo que escribiste. Creéme que los que te queremos vemos mucho más allá del Párkinson, vemos tu espíritu tan sensible, sincero, noble y luchador aún más fortalecido ♥️
9 diciembre, 2019 a las 3:51 pm
Quizás lo único bueno del largo tiempo sin vernos es que me dió perspectiva. Reencontrarnos fue genial y realmente lo único distinto que yo veo del pibe que conocía es la edad 😉 y descubrir que escribís como la puta madre (y eso sí que es nuevo). Por lo demás seguís siendo el mismo buen tipo, con la palabra justa y la preocupación genuina por ayudar y estar para tus amigos. Ah, y además un gran chef también!
Abrazo grande
9 diciembre, 2019 a las 11:28 pm
Frente alta y mirada a los ojos, que no hay nada de que avergonzarse.
Al contrario.
Te quiero.
12 diciembre, 2019 a las 4:29 pm
lo genial de lo que expresas tan claramente es que sucede a muchos/casi todos por este u otro motivo……
la percepción de pudor, cuando se la registra sin mirarla de frente, toma una dimensión enoooorme, diria que irreal.
abrazo, maestro!
16 diciembre, 2019 a las 8:06 am
Y eres valiente al desnudarte, también. Yo recibo tu desnudez y la agradezco, porque finalmente también es la mía.
13 enero, 2020 a las 5:39 pm
Un día escribí: “soy mucho más que la enfermedad, y mucho más sabia gracias a ella. Pero la verdad, hubiera preferido hacerme sabia de otra manera”….
El por qué a mí? Un día aparece. Y no alcanza la religión, las terapias alternativas, ni la genética que me den una respuesta. Vamos por la cura que es lo más importante. El resto lo podemos aprender siempre de otras maneras.