Siempre fui de la idea de que, por mucho que duela la verdad, es mejor saberla que desconocerla. A la vez siempre fui un tipo con pocos -los que me conocen dirían que ninguno 🙂 – grises. Esto hace que cuando la verdad me llega, lo hace sin mucho matiz.
Antes del diagnóstico tuve dos etapas con respecto a mis síntomas: la inicial, en la que era consciente de ellos, pero me hacía un poco el boludo; y la inmediatamente previa al diagnóstico en la que estaba más asustado que «distraído», por la cual terminé haciendo las consultas que me llevaron al diagnóstico.
Parkinson… qué palabra pesada! no? Un día tenía una rigidez molesta o un tembleque circunstancial, y al otro -siendo los mismos los síntomas- tengo… Parkinson.
La sensación que tuve fue que me habían cargado una mochila de cuarenta y ocho mil seiscientos millones (Machi… te acordás?) de toneladas, sin que mi condición hubiera empeorado necesariamente. Una mochila que venía con el peso de la incertidumbre, del pudor, de la angustia, de la culpa, de la bronca, del dolor, del miedo…
Es loco… porque me habían dicho la verdad y -sin embargo- no me sentía mejor, más aliviado.
Cada tanto -cuando se hace más presente y se pone más pesado- la molestia de algún síntoma se potencia por el peso de saber que es eso… un síntoma de una enfermedad que vino con esa mochila.
¿Me sentía mejor cuando no sabía que tengo Parkinson? No. Más liviano tal vez, ¿pero mejor? No. Pero la pregunta que en realidad vale es si me siento hoy con el mismo peso que tenía encima que el día del diagnóstico. Y la respuesta -no es por suerte, porque me rompo el orto para que así sea- es la misma… no.
No puedo hacer -al menos por ahora- nada para no estar enfermo, pero sí puedo -y esta nueva vocación por la escritura es una parte importante- hacer cosas para que esa mochila vaya perdiendo su peso a medida que se va vaciando de las sensaciones que cargo en ella. Y -a medida que lo logro- descubro que el peso de la verdad es relativo a mi capacidad de procesar y asimilar los hechos, convirtiéndolos en motor de cosas más positivas.
4 noviembre, 2019 a las 4:42 pm
Sebas: Te quiero mucho!!! Besote…
5 noviembre, 2019 a las 12:29 am
Que gran valor tiene el poder encontrar en una verdad tan compleja ,la posibilidad de algo bueno. Estás construyendo fortaleza…..bien! Bien! MUY BIEN!…..te queremos mucho y te valoramos mucho,ya sabes…..
16 noviembre, 2019 a las 2:47 pm
Y -a medida que lo logro- descubro que el peso de la verdad es relativo a mi capacidad de procesar y asimilar los hechos, convirtiéndolos en motor de cosas más positivas
IMPRESIONANTE LUCIDEZ, para esto y para casi todo en la vida
13 enero, 2020 a las 9:13 pm
Viste que la sensación de rigidez y lentitud es igual a tener un traje de astronauta hecho de arena o una mochilota de piedras…La mochila se hace cuerpo…pero llegará el día en que la podamos vaciar…